Thursday, September 20, 2007

La respuesta siempre a medias

Si se fijan, todas las discusiones, todos los debates que se inician (especialmente en internet) sobre el tema de la piratería, de los derechos de autor, de las descargas gratuitas, etc., acaban ceñidos al ámbito de la música, y nadie protesta. Ésta es una discusión ya de por sí compleja, donde se mezclan a menudo temas que no necesariamente deberían mezclarse, tales como los cánones impuestos por las sociedades de gestión de derechos, el top manta, el acceso universal a la cultura, el poder de las discográficas y el derecho a la recompensa económica por el propio trabajo. Pero lo que quiero destacar aquí es que el embrollo casi nunca se aborda en toda su extensión. Centrarlo en el tema musical es una huída fácil. 
Acudamos a un ejemplo muy habitual: es corriente dar en los foros de opinión con un comentario más o menos como éste: "Las discográficas se quedan con la mayor parte del beneficio, los artistas no viven de la venta de discos, por lo tanto la descargas gratuita no les afecta negativamente, al contrario: es un medio de promoción de su verdadera fuente de ingresos, la actuación en directo." Este punto de vista considera la empresa discográfica poco menos que como un parásito, y por consiguiente no derrama lágrima alguna por el hundimiento imparable de ese gremio. Hasta aquí el razonamiento será discutible o no, pero desde luego es razonamiento. Lo que yo quiero saber es qué pasa no con los músicos, que ya sabemos que siempre se podrán ganar la vida con una guitarra y alguien que pague para oírlos, sino con nosotros, los que no actuamos en directo, los que hacemos películas. El razonamiento anterior siempre se agota antes de llegar hasta aquí. La pregunta es: así como la gratuidad en la reproducción universal de las obras musicales tiene por lo menos un efecto positivo, la promoción de la actuación en directo, ¿que efecto positivo tiene la reproducción gratuita y universal de las obras audiovisuales, si de rentabilidad hablamos? (porque lo que ya me parecería una desfachatez es que alguien me dijera que un músico tiene derecho a vivir de su trabajo pero un director, un guionista, un operador o un productor de cine no). Y es que el razonamiento anteriormente expuesto se topa aquí con un dilema difícilmente resoluble: no sólo no funciona para el cine de la misma forma que para la música, sino que además en el caso del cine parece actuar de forma inversa, ya que así como internet y la reproducción digital parece erigirse en némesis de los peces gordos de la música (las discográficas), en el caso del cine quizá atente, o atentará seguro mientras a nadie se le ocurra una solución ingeniosa, contra los peces pequeños (los que hacemos cine independiente), ya que los grandes (Hollywood y el cine europeo subvencionado) tiene la rentabilidad de una forma u otra asegurada.

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