Saturday, April 30, 2011

Ciencia-ficción real como la vida misma

El pasado jueves estrenamos La Cobra en la Cesta de Mimbre. Fue emocionante porque los estrenos de teatro siempre lo son. Los de cine no. En los de cine la suerte está echada y a veces los aprovecho para echar una cabezadita. El año pasado me quedé dormido en la presentación de una de mis películas. Afortunadamente tenía al lado a Marina Gatell, que a base de codazos impidió que soliviantara al público con mis ronquidos.

Pero el teatro es diferente. En teatro todo puede salir mal, sobre todo cuando no has tenido mucho tiempo para ensayar. Y si encima es una sala pequeña, sin rincones donde esconderte, quedas atrapado entre el público y expuesto a la vergüenza máxima si la cosa naufraga. Hablo por mí. El caso de los actores es aún peor. Ellos saltan a la arena armados sólo con su memoria y dan la cara por ti, por la obra y por ellos mismos. Yo podría salir corriendo diez minutos después del comienzo pero ellos no. Están ahí todo el rato hasta el final, pegados a las tablas, bajo la atenta mirada de todo el mundo. Son héroes, tan poderosos y tan vulnerables al mismo tiempo. Ana Mayo y Jorge Cabrera son los héroes de esta escena, la primera obra que he dirigido.

No es infrecuente en el show business oir comentarios displicentes acerca de los actores. Algunos les tienen por fatuos, inconsistentes y vanidosos. Como si quienes les juzgaran así no lo fueran, y como si pudieran pasar sin ellos. A mí este desprecio se me atraganta. Sin los actores el cine y el teatro serían nada, serían un sumidero de mierda. Sombras chinescas perpetradas por espíritus arrogantes que no despertarían el interés ni la emoción de nadie. El mundo del espectáculo sería un erial muy triste sin actores. Ellos dan vida a las ideas, resucitan a los muertos y desnudan su alma para que los demás veamos la propia. Y además me caen bien y les quiero. Me siento muy a gusto entre ellos. Me gusta hacer películas y teatro porque lo hago con actores.

Retomando el hilo, el jueves sufrimos un poco, como corresponde. Pero para bien. Los aplausos parecían sinceros. Y los comentarios a la salida también. Dos espectadores opinaron al respecto en sus respectivos blogs, Micabeza y Guardia en el Mundo. No me puedo quejar. Escribí La Cobra en la Cesta de Mimbre y la he dirigido ahora con la intención de llegar al público, y parece que he llegado. He llegado sin salirme del tiesto, porque sigo contando lo que me da la gana y como me da la gana. Lo que pasa es que algunas veces las cosas me salen rarillas y otras veces tirando a inteligibles, como es el caso: ciencia-ficción de andar por casa.

Aún quedan ocho funciones. Estaré muy despierto en las ocho. Las ocho a las nueve de la noche. Ya saben dónde.

Carlos Atanes website: www.carlosatanes.com





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